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Las sombras que rondan las duchas

28 Oct

Duchas y sanitarios públicos cumplen la función de un hotel gratuito e improvisado

Hombres se reúnen los baños de la Universidad Central de Venezuela para tener relaciones sexuales anónimas, inmediatas y sin compromisos

Marielisa Martínez

–         Tengo ganas de mamar.

–         ¿Y en dónde vas a mamar tú, mijo?

–         Acompáñame

            Pluma volátil, es un muchacho caraqueño de 20 años de edad. Reconocido, por sí mismo, como homosexual desde su infancia. Estudia Geografía en la Universidad Central de Venezuela. Hace un año, aproximadamente, cursaba el primer semestre de la carrera. Recuerda haber estado en una tediosa clase de matemática hablando con su amigo, cuando éste lo invitó, por primera vez, a que lo acompañara en una sesión de cruising en los baños públicos del campus universitario.

            El cruising es un término en inglés define la actividad de buscar sexo inmediato, sin compromisos y con desconocidos en lugares públicos; preferiblemente, sitios solos o pocos transitados que adquieren popularidad entre los usuarios. Esta es una actividad predilecta de los hombres homosexuales. Cuando es realizada por personas heterosexuales se le conoce como dogging. En la UCV, y en muchos otros sitios de Caracas, los vestuarios masculinos –duchas y baños- funcionan como el escenario propicio para esta práctica.

Código chancero

            El chancero es aquel hombre que se dirige a un baño público –o algún otro sitio- en búsqueda de sexo anónimo y sin compromiso. Sin embargo, la actividad no asegura conseguir lo que se espera. “A veces puedo pasar dos horas esperando que alguien me practique sexo oral”, cuenta Eduardo, estudiante de Ingeniería de la UCV. “Lo que más incomoda de ir a chancear es perder el tiempo”, agrega Pluma.

            Por ello, en primer lugar, el chancero debe conocer los sitios en los que hay movimiento. Si el sitio está vacío, le tocará hacer guardia, es decir, sentarse dentro del cubículo privado y esperar que llegue algún hombre a los urinarios. “Si tarda más de dos minutos, se asume que ese está buscando sexo”, explica Pluma. También, podría llegar a un sanitario lleno y comenzar, disimuladamente, a masturbarse frente al urinario. Estas son señales inequívocas. Después de esto, Pluma explica que lo siguiente es el lenguaje corporal: “en estas situaciones, muy poco se necesita la conversación. Máximo, quizás, dos o tres palabras. Basta con un guiño, una sonrisa o un gesto con la mano”. A partir de ello, cuenta:

Había casa llena en las duchas de deporte. Eran las 7:00 pm. 15 hombres al menos. Yo estoy masturbándome junto a otro grupo de personas. Un muchacho se acerca a mí. Sin mediar palabra, me muestra su trasero, uno muy bonito. Le hago una seña de que me siga y lo llevo al frente, hasta los baños de la escuela de estadística. Andar juntos levanta sospechas, así que caminamos con distancia, como los extraños que somos. Llegamos y nos encerramos en el cubículo. “¿Quieres que te coja?”, le digo. Él duda unos segundos. “¿Tienes condón?”, me dispara. Trato de penetrarlo, pero se me hace muy difícil. Él se queja mucho. No le gusta. Al rato, escuchamos que se acerca alguien. En seguida, él se sube el pantalón y sale. Otra vez, sin mediar palabra. Y me deja allí. Pero esos son los riesgos de chancear, que no existe ningún compromiso con el otro.

 

            Los protagonistas de estos encuentros son los personajes que desempeñan la actividad sexual. Después de que una pareja o un grupo personas deciden tener un encuentro se establecen los roles. Usualmente, esto inicia desde el cortejo previo, con una acción como la de desfilar las nalgas frente a alguien o sacudir el pene en busca de una boca que lo succione. Sin embargo, además de ellos, también interactúan los mirones y los cómplices.

            Los mirones son los hombres que se dirigen al lugar donde se practica el cruising,  pero, a diferencia de los que buscan tener relaciones sexuales, ellos obtienen el placer al ver a otros teniendo sexo. Se masturban delante de los participantes, pero no establecen contacto físico. “Hubo un tiempo que fui por tres meses solamente a observar a los hombres masturbándose y tocándose”, cuenta Eduardo. Ellos, entrarían en el grupo de los vouyeristas.

            Los cómplices son aquellos que acompañan a la persona que está dentro de los baños y se quedan afuera para cantar la zona. Su labor es avisarle a su compañero, a través de un aplauso o un ruido estruendoso que no implique palabras, que alguien va a entrar al baño. “Mi amigo entró a un cubículo y comenzó a masturbarse con otro hombre, yo me quedé cerca de la puerta principal vigilando”, cuenta El Catire, estudiante de 20 años edad.

Transgresión

Yo venía de practicar natación. Estaba en uno de los cubículos sin puerta, donde te cambias. No llevaba el traje de baño, solo una toalla mientras buscaba mi ropa interior. Entonces, un muchacho se acercó a preguntarme si tenía papel. Le dije que no. A los minutos, volvió para preguntarme la hora. Se paró frente a mí y comenzó a observarme, especialmente debajo de mi cintura. Habría intentado entrar, pero al escuchar mi respuesta evasiva se detuvo y se marchó.

 

Aunque sean un lugar propicio para la práctica del cruising, ésta no es la función del vestuario de hombres del edificio de deportes –ni de los baños públicos del país-. Iván Reyes, deportista y estudiante de Comunicación Social de la UCV, cuenta que desde hace algunos meses, decidió no utilizar más este servicio debido a una larga lista de ineficiencias.

            Iván cuenta que los suelos están muy sucios, hay un hedor constante y los rincones permanecen llenos de basura y comida. Sin embargo, fueron las secuelas del cruising las que lo alejaron definitivamente. “En un par de ocasiones conseguí en el piso condones usados y llenos de sangre”. Además, agrega con molestia, que nunca había personal de seguridad en la zona.

            Como confirmó Iván, el personal de seguridad no ronda cerca de los vestuarios masculinos y femeninos de la secretaría de deportes. A pesar de que el espacio donde almuerzan y guardan alguna de sus pertenencias, se encuentre a unos cuantos metros. Incluso, cuando también tienen un cubículo en la entrada del edificio. “Yo considero que los vigilantes de la dirección de deportes son muy abiertos. Dejan que la situación se preste”, opina Pluma Volátil.

Igualmente, las leyes internas de la UCV no especifican ninguna sanción para este tipo de comportamientos; aun, cuando los usuarios expresan descontentos por las continuas molestias que le ocasiona esta práctica al servicio. Este abandono por parte de las autoridades y personal de mantenimiento, confirman la teoría expresada por Pluma de que los baños públicos de la universidad son propicios, ya que casi siempre están solos.

            Dentro del marco legal, la abogada Ana Julia Niño aclara que los problemas pueden presentarse cuando estas prácticas se asocian con prostitución, violación y/o abuso de menores de edad. Afirma que los temas prohibitivos relativos a la sexualidad buscan proteger la moralidad. Dentro de la sociedad caraqueña, la homosexualidad y el sexo en lugares públicos es considerado inmoral e inapropiado.  

            “Todo individuo que, fuera de los casos indicados en los artículos precedentes (violación, abuso a menores, abuso de poder, chantaje, prostitución, incesto), haya ultrajado el pudor y las buenas costumbres por actos cometidos en lugar público o expuesto a la vista del público será castigado con prisión de tres a quince meses”. Así establece el Código Penal Venezolano, en el artículo 381 incluido en el primer capítulo De la violación, de la seducción de la prostitución o corrupción de menores y de los ultrajes al pudor, del Título VIII De los Delitos Contra las Buenas Costumbres y Buen Orden de las Familias.

Razones

            Las filias sexuales podrían explicar, en parte, este hecho. Los componentes eróticos principales del cruising son el exhibicionismo, el vouyerismo, la homosexualidad, la sodomía, el anonimato, la excitación por lo prohibido y las orgías. “Tienes la sensación de que puede entrar alguien, lo estás haciendo escondido, y eso aumenta más el morbo. Esa presión me excita muchísimo”, explica el catire. En otra perspectiva, pluma agrega una razón más práctica “El fin es conseguir un orgasmo de forma diferente a una masturbación y no le debes nada a la otra persona. Si te la consigues después bien, si no también. Es la ventaja del placer sin compromiso”.

            Pero este fenómeno también responde a otras explicaciones sociales y antropológicas. Rodrigo Navarrete, antropólogo especializado en diversidad sexual de la UCV y fundador del grupo Contra Natura, explica que el cruising es una forma de cortejo sexual inusual que no se enmarca en las normas de una sociedad machista actual; una que privilegia la masculinidad sobre la feminidad y la heterosexualidad por encima de cualquier otra variante sexual y aplaude todo lo que lleve a conformar una familia para que se mantenga el status quo.

            Aunque predomine una preferencia a lo masculino, lo heterosexual y a la familia, existen los grupos de diversidad sexual que rompen el esquema. Navarrete explica que a éstos no se les permite expresar su atracción y preferencia de una forma socialmente aceptada y se les obliga a reprimirse. Por ello, se ven en la necesidad de crear circuitos clandestinos. “Si no puedes agarrarte de la mano con alguien de tu mismo sexo, pues mucho menos vas a poder darte un beso en público, o incluso tener la facilidad de ser aceptado con tu pareja en un hotel” explica. “La práctica del cruising puede ser hasta un espacio de resistencia. Si estuviera permitido, no tendrías que esconderte en un baño”.

            Sin embargo, la misma educación machista que los obliga a revelarse, crea un escenario propicio para esta dinámica sexual, como también señala Navarrete:

Los hombres han aprendido que es posible tener sexo sin vincularlo con el amor. A las mujeres, en cambio, se les enseñó que el sexo es un vehículo para encontrar el amor. En el cruising, a diferencia de otros tipos de cortejos heterosexuales, a todos los participantes (hombres) se les enseñó que pueden tener sexo con quien quieran sin tener la obligación de conseguir amor.