Comunidad LGBTI no tiene derechos en Venezuela

28 Oct

Comunidad LGBTI (Lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales)

Comunidad LGBTI no tiene derechos en Venezuela

En Venezuela existen entre 4.000 y 6.000 parejas del mismo sexo. No existen leyes específicas que protejan a esta comunidad. Piden el apoyo de la sociedad civil firmando por el matrimonio igualitario.

         Según el Censo Nacional de Vivienda y Población del año 2011, la cifra de homosexualidad en Venezuela, se ubica entre el 13% y el 14% de la población, es decir, entre 3 y 4 millones de personas. Ésta es una cifra importante, considerando que esta porción de venezolanos, no posee los mismos derechos que el resto.

            Ana Margarita Rojas, trabajadora de la Fundación Reflejo Venezuela, activista, lesbiana, no se siente reconocida como ciudadana de este país, no se siente parte del colectivo. “Siendo una persona que tiene deberes para con el estado, que me exige como ciudadano, no me siento satisfecha en todas mis necesidades”, dice Rojas. Hace referencia a hechos como el que su pareja no está reconocida ante la ley, ni su hogar o su familia. Lo que conlleva a graves problemas legales pues por ejemplo, en caso de fallecimiento, no podría heredar sus bienes a su hijo y su pareja quedaría desamparada.

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela dicta que no debe existir la discriminación por motivos de raza, origen ético, género y orientación sexual. Sin embargo, no existen leyes específicas que se desprendan de esta ley madre. Por lo tanto, estos ciudadanos quedan desprotegidos.

            Al respecto, el ingeniero Daniel Yuspi, quien además es activista y homosexual, indica: “Somos invisibles. Ni siquiera hay leyes que nos mencionen específicamente. Es decir, hay muchas leyes antidiscriminación por temas raciales, de origen étnico, por temas de género inclusive, por muchos factores. Y cuando terminan de hacer la lista de todos los factores de discriminación, dicen, entre otros. Y ahí estamos nosotros”

“La legislación que está planteada hasta este momento es una legislación de Marketing,  que se pone el título de “Yo no te discrimino” pero a la hora de la verdad, no hay mecanismos eficaces de protección, no hay leyes, no hay penalizaciones“, afirma Ana Margarita. Continúa diciendo que el hecho de que se le sea negado un derecho como el matrimonio, la convierte en una ciudadana de segunda.

“Cuando hay una contradicción así en las leyes, no hay un Estado igualitario”, dice Rojas. También dice que un Estado igualitario es aquel que le permite expresar al máximo sus valores, potenciales y capacidades, pero también le otorgue amparo como seguro social o el simple derecho de poseer una propiedad con su pareja.

Por otro lado, se encuentra  el caso de los transexuales, como la TSU en Publicidad y Mercadeo, Priscila. Quien afirma que no han aprobado una ley que le permita llamarse como ella desea. “Las personas me reconocen por el nombre que me colocó mi mamá y mi papá. Esa es una lucha constante porque no quieren reconocernos como un género”, dice.

Esto le acarrea diferentes problemas, como la dificultad para conseguir un empleo, a pesar de ser profesional. “Se dejan llevar por la apariencia y el simple hecho de verme, me pueden catalogar hasta de prostituta. Me cierran las puertas sin darme la oportunidad de demostrar lo que sé”, afirma Priscila.

Esta situación en las leyes venezolanas, Ana Margarita la atribuye a “la ignorancia política, a un gran temor político de nuestros legisladores de tocar el tema, de abordar el tema. Y ese temor nos ha llevado a validar su ignorancia”. Daniel concuerda con Ana, afirmando que los diputados de la Asamblea Nacional son muy conservadores y que no quieren debatir ni siquiera sobre un paquete de leyes en contra de la discriminación. “Es un tema de no aceptación”, dice Yuspi.

“De hecho, encuentras cosas como un diputado de la Asamblea Nacional, dirigiéndose a un candidato, utilizando expresiones irrespetuosas, cuando ser homosexual no es un insulto. Lo  descalifica de homosexual porque esa es la mejor manera de descalificar”, dice la psicóloga Elena Hernaiz, pareja de Ana Margarita. Este comentario hace referencia a un evento sucitado en la Asamblea Nacional, en días pasados,  donde el diputado Pedro Carreño calificó al ex candidato presidencial Henrique Capriles Radonske como “homosexual”, luego de mostrar un presunto expediente acusándolo de actos inmorales.

“Ese intento que dicen “Nosotros luchamos”, es más un “para que no crean que soy”  o “estoy en contra de”, pero realmente este es uno de los gobierno que menos ha luchado, precisamente porque dicen luchar”, dice Elena. Prosigue afirmando que prefería un gobierno que no le hablara a esa comunidad o que le dijera que no iba a luchar por defender sus derechos, a uno que afirma que luchará por ellos y no lo haga. 

“Cuando nos naturalicemos, cuando consigamos referentes, cuando nos reconozcamos a nosotros mismos y la sociedad nos reconozca, que valide nuestra condición, que nos respete, que nos tolere, ese día, ya será otra cosa” dice Ana Margarita. Para lograrlo se han creando los Principios de Yogyakarta sobre la Aplicación del Derecho Internacional de Derechos Humanos a las Cuestiones de Orientación Sexual e Identidad de Género. Este es un documento que desarrolla los estándares básicos para que los Estados avancen a la efectiva protección y garantía de los derechos humanos de las personas LGBTI. El conocimiento de este documento es promovido por organizaciones como Amnistía Internacional, a pesar de que es al gobierno venezolano, al que va dirigida esta información.

 

Por otro lado, se encuentra la petición de esta comunidad con la que aspiran al matrimonio igualitario, que reposa en la Asamblea Nacional desde  el año 2011.  La idea de la petición es modificar el artículo 118 de la Ley Orgánica de Registro Civil para que, cuando hablase de “la libre manifestación de voluntad efectuada entre un hombre y una mujer”, se cambiara “hombre y mujer” por “persona”, y “marido y mujer” por “cónyuge”.

Sin embargo, este petitorio quedó engavetado en las manos de la directiva del parlamento venezolano, por entonces encabezado por Fernando Soto Rojas, Aristóbulo Istúriz y Blanca Eekhout. Daniel Yuspi, quien estuvo presente en aquella actividad indica que hablaron con el Presidente de la Asamblea, para aquel entonces, Fernando Soto Rojas. “Y él nos dijo: <Yo los apoyo. Son muy valientes. Espero tengan mucha suerte>”. Al respecto, dice Daniel, “yo no quiero suerte. Quiero un paquete de leyes”.

Es por ello, que como  una iniciativa de la organización Venezuela igualitaria, junto con el apoyo de  más de 40 organizaciones, colectivos y universidades, se busca elevar a la asamblea nacional un petitorio de proyecto de ley sobre el matrimonio igualitario, sin pasar por las comisiones, pues así se agiliza el trabajo. Para ello, se necesita de la recolección de más de 26.000 firmas de los ciudadanos.

En Venezuela se lucha, pero no gubernamentalmente hablando. En el mundo, ha sido la sociedad civil la que ha empujado a la parte legislativa. Aquí no hemos logrado que la sociedad civil nos ayude” dice Elena Hernaiz.  Cabe resaltar, que Venezuela es el único país del MERCOSUR  que falta por firmar por el matrimonio igualitario.

Contrariamente,  el resultado de la  encuesta realizada por el Pew Research Center, entre el primero de marzo y el primero de mayo del presente año, preguntando si la homosexualidad debería ser aceptada o no por la sociedad arrojó resultados que apuntan a que en la mayor parte de América latina, la homosexualidad es ampliamente aceptada. Además, en Venezuela, la homosexualidad posee una respetable cifra de aceptación de 51%.

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Sin embargo, Priscila comenta “No he encontrado respuesta en la sociedad. A muchas personas no les importa que te llamen como tu realmente quieres que te llamen, el que tu ejerzas, el que tengas derecho a un seguro social o beneficios que cualquier ser humano quiere”.

Lo cierto, es que hay que educar a la sociedad civil. Byron Guerrero, ingeniero químico, homosexual, trabaja en la visualización. “Yo hago mi vida amorosa pública, como cualquier heterosexual. No siento miedo”, indica. También señala que es importante educar a los niños, pues si  de pequeño le enseñas a una persona que esto es algo natural, estás sumando.

El mensaje de aceptación es para la sociedad. El cambio empieza por aceptarse uno mismo y reconocer al otro como igual. “Yo no hago nada si tú no me apoyas. Porque entonces voy a encontrar la pared en el gobierno y la pared en la sociedad”, dice Elena.  

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