“¡Quieto!, tengo un guardaespaldas”

27 Oct

Experto  estima que  desconfianza  en organismos policiales  promueve contratación de protección privada

“¡Quieto!, tengo un guardaespaldas”

Según cifras del Ministerio de Defensa, en Venezuela están registradas unas un 1.045 empresas y cooperativas de vigilancia privada. Analistas consideran que este año hubo un incremento de la privatización de seguridad personal, y estiman que continúe en crecimientoRubén Martinez

Adriana Gavidia

“Yo quiero que me des un tiro… ¡Dispárame, pégame un tiro!”, gritó Rubén Martínez a su contrincante mientras extendía sus brazos de par en par y acercaba su pecho a la pistola del hombre que lo apuntaba. De inmediato, las personas a su alrededor se tiraron al piso. Otras comenzaron a correr y a llamar a la policía.

“¡Dispara, dispara!”, gritaba, mientras el hombre daba un paso hacia atrás a medida que Rubén se le acercaba. “Acabas de cometer un grave error, porque yo ya soy hombre muerto, no me importa morir”, le dijo al antisocial, quien titubeaba con el arma en la mano. Él sabe muy bien que si el hombre dispara directamente a la zona izquierda de su pecho, podría ser el fin.

Pero como guardaespaldas, él comprende que en una situación así, debe bloquear cualquier oportunidad que atente contra la vida de su clienta, Jennifer Hernández, una reconocida modelo que logró escapar de un acosador gracias a que contaba con un experto en seguridad.

De acuerdo con el informe anual del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), en el año 2012 se observó “un incremento de la privatización de la seguridad personal”, en todos los campos: artísticos, empresariales, escolar, etc. Según cifras de la Dirección General de los Servicios de Vigilancia y Seguridad Privada (Daex) del Ministerio para la Defensa, en el país están registradas  unas 1.045 empresas y cooperativas de vigilancia privada, protección y transporte de valores.

Para Martínez, quien es el creador de la Compañía RMX Sensei Seguridad y es experto en artes marciales, la promoción de la violencia ha originado el incremento de las industrias de los guardaespaldas.

“Hay personas que se han vuelto extremadamente violentas y ya no respetan ni a las autoridades. Ahora no le quitan el maletín con dinero a una persona, simplemente lo matan porque a medida que los delincuentes van asesinando, van subiendo de estatus. Ya uno se vuelve escudo humano, tengo muchos compañeros que han muerto”, indica.

La profesión

A pesar de sus riesgos, este oficio se ha vuelto lucrativo. Martínez asegura que, dependiendo del prestigio del guardaespaldas, diariamente pueden cobrar hasta Bs 2 mil 500, más viáticos y las tres comidas.

Por su parte, Rony Daniel Álvarez, quien tiene siete años de experiencia en esta ocupación, asegura que estos profesionales pueden ganar entre 15 mil y 20 mil bolívares mensuales. Álvarez trabaja mayormente con empresarios privados, y explica que puede tener dos horarios, uno empresarial, que inicia desde que abre la compañía hasta que cierra, y el otro dependerá del itinerario del cliente.

Un guardaespaldas debe recibir entrenamiento psicológico, físico, legal y, en caso de usar armas, necesita adiestramiento especial. Trabajan en ambientes distintos, y pueden clasificarse de acuerdo al público al que atienden. Existen los llamados guardaespaldas de bajo perfil, usualmente contratados por comerciantes que hacen trato con dinero en efectivo, por lo que se necesita de alguien que esté entrenado a nivel logístico en caso de que se requiera hacer un intercambio de bolsos o transacciones bancarias.

Otros laboran para profesionales extranjeros que realizan seminarios, congresos o atienden asuntos en el país por un tiempo determinado. También están los que brindan sus servicios a políticos y artistas, y los que son contratados para que acompañen a un individuo mientras realiza sus actividades diarias.

Guardaespaldas todo terreno

“Sin novedad”, dice el guardaespaldas antes de ingresar a los niños al colegio. Está sentado de copiloto en el “transporte escolar”, que suele ser una camioneta blindada de vidrios ahumados. El chofer también anda armado y ambos no usan cinturón de seguridad, pues deben estar preparados ante cualquier eventualidad. Se acerca la hora ir a clases, pero el perímetro debe estar completamente asegurado.

“Tengo muchos colegas que son guardaespaldas escolares”, asegura Rony Álvarez, quien protegió por un año a dos hijos de un empresario: uno de cinco y otro de trece. Asegura que este campo de trabajo se ha vuelto común en la ciudad capital. “Solemos trabajar en los colegios ubicados en el Cafetal, la Alta Florida, Altamira y Baruta”.

Los guardaespaldas escolares vigilan, incluso, durante las clases.

Los guardaespaldas escolares vigilan, incluso, durante las clases.

Las instituciones tienen normas de seguridad especiales que se deben tomar en cuenta, pues generalmente no se permite que permanezcan dentro de las instalaciones.

“Los colegios privados funcionan así: ellos tienen entrada y salida de vehículos. En el momento en que se baja el niño del carro, el personal del colegio lo recibe y, una vez dentro, está resguardado. Si no se cuenta con estas entradas, se debe estacionar el carro cerca de la institución, un guardaespaldas se queda ahí dentro y el otro lleva a los niños”.

En el ramo escolar los clientes suelen pedir que los profesionales busquen a los niños desde las residencias y los lleven al colegio. En los casos de alto riesgo, se amerita la figura del guardaespaldas todo el día.

Ciudadanos desprotegidos

Andrea fue privada de libertad el año pasado por una banda delictiva que se hace llamar “Los caballeros del secuestro”. Con escopeta en mano, los antisociales la esperaron antes de que llegara a su casa ubicada en El Hatillo (estado Miranda) y la raptaron. Su esposo –al igual que ella- es doctor, y tuvo que pagar con la ayuda de algunos colegas la suma de 100 mil bolívares por su liberación.

“Todo el procedimiento fue tan bien hecho que creemos que hubo policías implicados en el secuestro”, aseguró el hijo de Andrea, Alveiro, quien relató cómo su madre escuchaba que los delincuentes pedían instrucciones a un supuesto líder al que denominaban “Comandante”. “Mi madre es amiga de muchos policías y me dijo que reconoció algunos códigos en su lenguaje que les parecía familiar en oficiales”.

Para los especialistas, existen varias razones por las que se ha desarrollado la industria de guardaespaldas en Venezuela. De acuerdo con el sociólogo y experto en criminología, Roberto Briceño León, existen dos puntos a considerar: el incremento en el delito violento (homicidios, robos y secuestros), y la disminución de la protección policial y la acción de justicia.

“Los guardaespaldas son la respuesta a un policía que no protege o que incluso puede estar involucrado en el delito. La violencia se ha generalizado en todo el país y en todos los estratos sociales. Antes se secuestraban a los ricos, ahora secuestran también a los de clase media y a los pobres. Los únicos que no viven el secuestro son los pobres extremos”, asegura.

Sociólogo Roberto Briceño León

Sociólogo Roberto Briceño León

Por su parte, la socióloga Maryclen Stelling considera que el aumento de las peticiones de guardaespaldas se debe a que se percibe un nivel de inseguridad mayor al que existe. “A medida que crezcan las noticias sobre muertes violentas o robos, las personas que deban cuidar de bienes o fortunas recurrirán a la ofertas de los guardaespaldas. En consecuencia, es posible que estos profesionales se hayan convertido en un mercado”.

Para la experta en Opinión Pública, Mariana Bacalo, en el país hay impunidad para los delincuentes. “Las estadísticas revelan que, de cada 10 asesinatos, nueve permanecen sin resolver. Esto ha llevado a que las personas que puedan comprar guardaespaldas lo hagan, y ha traído más anarquía en el día a día, porque ellos están capacitadas para sacar las armas, agredir físicamente o verbalmente a las personas que no quieren seguir las normas que ellos están imponiendo, y nadie regula esto”.

Despieces

En la mira

Para el sociólogo Amalio Belmonte, la violencia delincuencial en el país ha crecido de tal manera que afecta a las propias personas encargadas de cumplir con el rol de seguridad. “Constantemente vemos a guardaespaldas, policías y funcionarios asesinados. Las figuras de autoridad son tan ponderables como los ciudadanos comunes”, asegura.

Para robarle sus armas reglamentarias, el guardaespaldas de la Fiscal General Luisa Ortega Díaz,  Pedro Ramón Infante (37 años), fue acribillado este año por dos antisociales en Caracas.

En el 2012, Yingger Mendoza Carranza (36 años) el escolta del ministro de Petróleo y Minería, Rafael Ramírez, fue asesinado en la Av. Andrés Bello de la ciudad capitalina; Pablo Marín Meléndez (43 años), también guardián del funcionario, fue ultimado meses después.

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