En Venezuela la pelota es redonda, no matemática

12 Oct

El béisbol venezolano no es un deporte de estadísticas

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La sabermetría, o la fórmula estadística que mide el potencial ganador de un equipo de béisbol, es una idea innovadora y útil. Las opiniones de algunos expertos son contrarias, pero la mayoría coincide que en Venezuela esta técnica aún no es viable.

Leopoldo González Barajas

            Hay una fórmula que en los últimos años ha revolucionado el modo de pensar el béisbol. Se trata de una técnica que implica una nueva forma de evaluar a los jugadores, de valorarlos sobre el terreno de juego y, a partir de allí, elaborar estrategias, formar un equipo. Es una filosofía completa y lógica, no se trata nada más de un modo de estudiar las estadísticas, significa también un cambio de planteamiento. Es una nueva forma de conocer el juego, de redescubrirlo. Una nueva estrategia.

            Esa es el alma de la sabermetría. La ciencia, que fue introducida primero por Bill James y algunos matemáticos y economistas amantes de la pelota, plantea la aplicación de las estadísticas para medir el potencial ganador de un equipo de béisbol y de sus jugadores. Se trata de leer los números, estudiarlos, y con ellos analizar la mejor forma de ganar juegos. En esencia es atribuirle características cuantitativas a valores meramente cualitativos.

            Según el portal sabermetrico.com de Francisco Merejo, la sabermetría es evaluar cómo afectan las estadísticas individuales y colectivas de los jugadores al record de juegos ganados y perdidos de un equipo de béisbol. En concreto, es intentar medir a través de fórmulas matemáticas una serie de cualidades, de modo que permitan, en profundidad, la posibilidad de evaluar jugadores.

            Según Iván Medina, locutor y periodista deportivo de Unión Radio, “Se dice evaluar en profundidad, porque la idea es ir más allá de la evaluación común y corriente de los jugadores (el average de bateo, la efectivida del pitcher, etc) y relacionar más variables que, en conjunto, permitan hacer una valorización más completa de los jugadores”.

            Es trascender la forma tradicional, que consistía en estudiar si un pelotero al momento de firmarlo reunía lo que, en jerga deportiva, han venido a llamarse “las 5 herramientas”. Son cinco valores que los scouts, o buscadores de talento, tratan de identificar en un jugador: Velocidad, Bateo, Fildeo, Brazo y Balance. Es la idea de que el jugador más rápido, que más batee, que se maneje bien con el guante, lance con fuerza y pueda mantenerse más tiempo en el terreno, es el mejor jugador.

El caribe es tradicional

            En el caribe, esta sigue siendo la mayor tendencia. Los scouts prefieren fiarse de su instinto, antes que de complicadas fórmulas matemáticas. Así, en el portal web aguiluchos.com como parte de un foro abierto, uno de los miembros de la página se permitió escribir una anécdota. En un vuelo de San Juan a Caracas, se descubre rodeado de muchos cazadores de talento que viajaban a Venezuela para un showcase, un evento de varios días donde decenas de jóvenes juegan a la pelota y entrenan con el motivo de impresionar a algún scout.

            Luego de hablar un poco con ellos y ganar cierta confianza, les pregunta sobre su trabajo y sobre el libro Moneyball, título que luego sería llevado al cine en 2011 y que narra las incidencias del gerente general de los Atléticos de Oakland para formar un equipo competitivo con un presupuesto mínimo. Al parecer, todos habían leído el libro y estaban en desacuerdo. El béisbol, le decían, no ha cambiado mucho y sus formas de estudiarse siguen siendo las tradicionales cinco herramientas. Eso sumado al más contundente argumento que uno de ellos pudo ofrecerle son las razones de que en la pelota caribeña haya una tendencia muy conservadora: Aquí no hay estadísticas.

            Esa es la primera razón de por qué en Venezuela esta técnica aún no se emplea. Y más contundente, quizás no pueda ser. Sin embargo para Ismael Granadillo, quien es jefe de prensa de la Liga Venezolana de Bésibol Profesional (LVBP), la sabermetría como técnica aún es factible. “Oficialmente y formalmente no se aplica, pero sí es viable. Hay ciertos parámetros que deben ajustarse, por ejemplo, el tiempo o la cantidad de turnos al bate, no se le pueden sacar estadísticas a un pelotero importado que juega varios días y luego lo llaman para irse”.

            El optimismo de Granadillo quizás es explicado por una sencilla razón, la aplicación de la sabermetría o, de al menos un modesto uso de las estadísticas, depende  en definitiva de los managers quienes son los que arman las alineaciones y planifican los juegos. Luis Dorante y Alfredo Pedrique, que ambos han sido estrategas de varios equipos como Caribes de Anzoátegui, Magallanes, y Bravos de Margarita son ejemplos de managers que se sirven de un equipo técnico para atender a ciertas estadísticas. Otros como Luis Sojo, actual manager de Magallanes, son un poco más tradicionales, prefieren guiarse por su instinto.

            “La Liga tiene su proveedor de estadísticas que es Line score stadistics, y ellos nos proveen de recopilaciones de Boxscores, de cierto material estadístico básico. Pero para desarrollar todas las fórmulas de la sabermetría se necesitan muchas más cosas”, completa Granadillo.

            En los Tiburones de la Guaira, ésta sigue siendo la constante. Así lo testifica Richard Blanco, quien es scout de esta organización. “Las cinco herramientas son lo primero que vamos a ver en un pelotero, y la forma de jugar béisbol. Escogemos a los que creemos que nos pueden ayudar mejor para el equipo”.

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            La sabermetría se nutre de numerosas fórmulas, un tanto complejas, para medir el potencial de los jugadores. El WAR o Wins Above Replacement, por sus cifras en inglés, que busca medir el número de juegos ganados que un jugador común aporta a su equipo con respecto a uno suplente; el BABIP, que determina el average de pelotas válidas (dentro de los límites del campo) que un jugador batea, son el centro del debate de los analistas y el ejemplo de las fórmulas que en el béisbol venezolano es imposible aplicar. Al menos por ahora.

            José Luis Mora, quien es analista deportivo para los Tiburones de la Guaira, piensa igual que Iván Medina, con quien de hecho compartió un tiempo en Unión Radio. Para él, el béisbol venezolano no es un deporte que genera muchas estadísticas, y si bien puede valerse de algunas, eso dificulta que los equipos la apliquen como técnica confiable en la liga.

            “Las estadísticas dicen mucho, pero no todo. En Venezuela no es imposible aplicar la sabermetría, porque se puede adaptar, pero existe un riesgo de error mucho más elevado que no lo hace ser una técnica cien por ciento confiable”. El margen de error al que se refiere, es el mismo del que Medina habla. Muchas de las fórmulas de la sabermetría no son cien por ciento exactas, para tratarse de una técnica matemática, dependen mucho de quien las interpreta.

Una fórmula ganadora

 

            La sabermetría como ciencia ha demostrado tener su validez, y poco a poco también se ha extendido a otros deportes. Al menos como referente. En el fútbol, por ejemplo, no existen fórmulas aplicables como en el béisbol, pero equilibrar los equipos ayuda. El periodista deportivo Fioravante Simone, recuerda así el caso del Real Madrid de los “galácticos”. “Todos eran superestrellas y casi ninguno se ponía de acuerdo”.

            Esa es la característica, quizás, más interesante de la sabermetría, es una fórmula ganadora, casi infalible en campañas largas, pero en series cortas, como las de play-off, se desvirtúa. Para Luis José González, quien es economista y fanático de este deporte, “lo ideal para que esta técnica funcione es equilibrar el roster, tener varios novatos, jugadores normales y tres o cuatro superestrellas de poder que en esas situaciones puedan dar la talla”.

            En el año 2002 los Atéticos de Oakland, uno de los equipos de béisbol más pobres de las Grandes Ligas, con una inferioridad en el presupuesto de casi 86 millones de dólares con respecto al equipo más caro, los Yanquis de Nueva York, pudo ganar 102 de los 162 juegos que componen una temporada y aún, en ronda de play-off, tenerlos a varios outs de ser eliminados.

            Ese es el contexto que rodea el inicio del libro Moneyball (Juego de la fortuna, 2011). El Gerente General Billy Beane, de los Atléticos de Oakland, tenía un sus manos un gran problema. Se le iban del róster tres de sus mejores jugadores, los más caros, y no tenía cómo reemplazarlos. Sin presupuesto para afrontar grandes contrataciones ni mucho margen de maniobra, armó de la nada un equipo modesto, en base a las estadísticas, con aquellos jugadores que tenían un potencial ganador y eran tradicionalmente desvalorados por los demás equipos. ¿Cómo lo hicieron entonces? ¿Cuál era su secreto? Ésta, es el alma de la sabermetría.

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